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POLÍTICA

Elecciones en Costa Rica y la norma detrás de los 25 candidatos


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En 10 días tendrá lugar la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Costa Rica, desde la ruptura del bipartidismo en 2002 y ocurre un fenómeno inédito en esta contienda: 25 candidatos se disputarán el pase a la segunda vuelta, un número atípico en los sistemas democráticos de toda América Latina y un evento sin precedentes para el país centroamericano.

Pero, ¿por qué hay tantos candidatos a la presidencia? William Méndez, abogado y politólogo de la Universidad de Costa Rica y miembro del Colegio de Abogados y Abogadas de Costa Rica, señala que las leyes electorales vigentes han permitido que casi cualquier agrupación o movimiento político pueda conformar un partido y contender en las elecciones presidenciales, pese a no contar con una base electoral fuerte, incluso, muchas veces sin tener a una figura preponderante o que tenga incidencia en la vida pública costarricense.

Una legislación como la de Costa Rica permite que las agrupaciones encuentren en la postulación a la presidencia una vía no solo de contender para dirigir, por 4 años, el Gobierno del país, sino también una forma de entrar a la vida política, al ocupar un lugar en la Asamblea Legislativa.

Los cambios en el Código Electoral del país, publicados en septiembre del 2009, se concentraron en reformas al procedimiento para integrar los partidos políticos. Según los cambios al artículo 67, los partidos políticos ya no tendrán que realizar un número de asambleas nacionales, distritales y cantonales, sino que se adecuarán al número de electores en donde haya sido registrado el partido.

Es decir, con esto, los grupos interesados en conformar un partido político ya no tienen que cumplir con ese requisito que fue considerado inconstitucional, lo que facilitó su participación en las elecciones presidenciales.

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De acuerdo con el Tribunal Supremo de Elecciones, hay tres ámbitos para la conformación de un partido político: nacional, que requiere por lo menos 100 personas para su formalización, además de 3.000 firmas de ciudadanos registrados en el padrón electoral y la inscripción ante el Registro Electoral; el provincial, que requiere el respaldo de 2.000 firmas ciudadanas además de su registro formal; y el cantonal, que solo requiere a 50 personas y 500 firmas de adhesiones de electores de su respectivo cantón.
Aunque estos cambios en la ley electoral de Costa Rica han propiciado la aparición de más partidos, Méndez explica que la razón por la que hay una explosión de partidos en esta contienda corresponde a una coyuntura sociopolítica, que no garantiza la supervivencia de estos para las siguientes elecciones.

“Hay sectores que vieron vacíos de poder, que vieron en la posibilidad del multipartidismo la construcción de sus agrupaciones, son movimientos de poco impacto e incidencia real, algunos terminan siendo movimientos políticos personalistas frente a partidos políticos que tienen una base ideológica, programática y política de mayor incidencia”, apunta el abogado y politólogo.

Si bien hay 25 candidaturas registradas para el proceso electoral del 6 de febrero, existen solo 6 candidaturas con intenciones de voto con porcentajes superiores al 2,5 %; de hecho, las 19 restantes están por debajo del 1 %, según lo registrado en el último sondeo del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP). 

Méndez considera que la variedad de partidos políticos en Costa Rica no constituye un elemento en detrimento del sistema democrático, sino un aliciente, pues más allá de contender por la presidencia o un asiento en el Congreso, algunos partidos han logrado colocar temas en la agenda nacional a través de su participación en los debates.
“Deberíamos estar a favor de que las normas electorales se queden y no empezar a hacer un cambio para evitar que haya elecciones con tantos partidos políticos, esto puede ser contraproducente al interés democrático de participación cívica”, agrega Méndez.

La aparición de 25 partidos políticos durante el proceso electoral trae a cuenta un tema de conformación política y de gobierno que ha sido esbozado en Costa Rica: pasar de un régimen presidencial como el actual a un gobierno parlamentario, expone el abogado, quien señala que es justamente la variedad de fuerzas políticas la que acerca al país centroamericano a la discusión sobre una reforma que contemple el cambio en la organización política de Costa Rica.

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A un mayor número de partidos políticos, la oportunidad de tener una mayor representación de los ciudadanos se hace más asequible, indica Méndez, pues la conformación de un Congreso multipartidista desemboca en la creación de consensos para gobernar, una directriz en los gobiernos de régimen parlamentario.

“Una Asamblea Legislativa formada por tantos partidos permite la fiscalización, los equilibrios que debe haber para generar consensos son más difíciles, pero nos favorece en la búsqueda del diálogo, el modelo parlamentario necesita de este proceso electoral”, agrega el catedrático.

A una semana para que Costa Rica vote en la primera vuelta electoral, hay una certeza: la indecisión del electorado. El 41 % ha manifestado, según la última encuesta del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR), que no sabe por quién votará.

Para Jesús Guzmán Castillo, investigador de la UCR, el aumento de la indecisión entre los votantes, a menos de una semana de las elecciones, revela no solo una falta de polarización que no ha favorecido a ninguno de los candidatos, sino también la pérdida de base electoral de los partidos políticos.

“Las personas ya no se identifican tan fuertemente con un partido político, cambian de manera fácil de preferencias partidarias, en las contiendas los ciudadanos inician apoyando a un partido y cambian en el transcurso de la misma”, detalla el investigador en entrevista para LexLatin.

Este es un fenómeno que ha estado presente en otras elecciones, pero nunca en la misma proporción. La tendencia de los últimos 20 años, según datos del CIEP, es que conforme se acerca el día de la votación, el porcentaje de ciudadanos sin una decisión clara se acerca al 30 % del padrón electoral.

Sin embargo, para la elección presidencial de este año, el número de indecisos ha incrementado en casi 3 % entre la medición de diciembre y la presentada el 19 de enero.
Desde el término del bipartidismo en Costa Rica, es decir, hace un par de décadas, han aflorado múltiples opciones de partidos políticos que se han ido diluyendo tras no alcanzar los mínimos para mantenerse en las boletas o que han surgido como propuestas que buscan representar algunas banderas, como el progresismo, el cambio climático, entre otros.

Para las elecciones primarias de este 6 de febrero hay 25 candidatos registrados, mientras que hace cuatro años los ‘presidenciables’ no superaron los 14, un número considerable entre las incipientes democracias de Centroamérica.

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De entre los presidenciables de este año, los dos punteros de la contienda no alcanzan el 40 % de las intenciones de voto que pudieran definir la elección durante la primera vuelta: ni siquiera el expresidente José María Figueres Olsen, titular en las encuestas por el Partido de Liberación Nacional (PLN), alcanza el 20 % de la preferencia electoral y su contendiente más próxima, Lineth Saborío, tiene alrededor del 14 % de la intención de voto a su favor.

El candidato del Partido Acción Ciudadana (PAC), Welmer Ramos, del partido oficialista, cuenta con menos del 0.5 % de la intención de voto registrada por el CIEP. Él se ubica en el sitio 11. 

Dada la baja base electoral que tienen incluso las fuerzas que encabezan las encuestas, el investigador Guzmán Castillo indica que los ciudadanos dejaron de identificarse con un partido político, por lo que estos han debido salir a la calle para atraer a los votantes con propuestas y no a través de una filiación.

“En la segunda ronda, el elemento principal podría ser, primero, con dos candidaturas es mucho más fácil polarizar una elección y poder diferenciarse de otra candidatura y, en ese proceso, lograr atraer a las fuerzas de oposición”, detalló el investigador del CIEP.
De acuerdo con Guzmán, otro de los elementos que no ha permitido concentrar el voto en una o dos propuestas presidenciales es la falta de una narrativa durante la contienda, que se ha enfocado en el plan de reactivación económica pospandemia, y en temas estructurales, como la pobreza y el desempleo en Costa Rica.

Según las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), el 26.2 % de los hogares en el país centroamericano son considerados pobres, mientras que la pobreza extrema se ubicó en 7 % al cierre del 2020. 

La existencia de tantas opciones durante la primera vuelta también ha dispersado la intención de los votantes para decidirse por un partido político: alrededor del 10 % del electorado inició apoyando a un candidato en octubre y, durante diciembre, cambió de decisión. Además, más del 15 % pasó de tener un candidato definido a aumentar la filas de los indecisos.

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